Lunes, 03 de Enero de 2022 |
“Oshôgatsu”: su resignificación en la Argentina |
Escrito por * Cecilia Onaha |
FIESTAS de fin de año y Año Nuevo: cómo festejaban los inmigrantes japoneses en nuestro país; qué tradiciones y comidas trajeron, y cuánto se han ido modificando.
Hasta hace no mucho tiempo, es probable que para la tercera, cuarta y quinta generación nikkei haya sido una novedad saber que en Japón, en cambio, el evento que tiene connotaciones religiosas es la celebración del fin de año y el comienzo del Año Nuevo, “Oshôgatsu”. Ya nos hemos familiarizado, gracias a la conexión en tiempo real a través de internet, de las masivas columnas de fieles que recorren a la media noche el camino hacia los más importantes templos del país, y oír sus campanas marcando el inicio del nuevo año. (Con el rebrote de la pandemia -al menos al cierre de esta edición-, este año no sabemos si se podrá volver a realizar.) Pero lo cierto es que constituía una práctica poco conocida por los nikkei, por lo menos en nuestro país.
La experiencia es muy particular: una muchedumbre visita los templos; en forma de ofrenda, arroja una moneda en grandes cajones de madera (adaptados especialmente para recibir las ofrendas de una inmensa cantidad de creyentes). En áreas especiales del templo, las familias llevan y depositan amuletos adquiridos el año anterior que contienen sus deseos de bienestar y buenos augurios, y que serán quemados en ese espacio sagrado; el ritual es un ciclo: conseguir nuevos amuletos cargados de todos esos buenos deseos para el siguiente año, también es una práctica interesante. A ello le sigue el regreso al hogar para comer el “toshi koshi soba”, los fideos de la última cena del año, y así marcar la culminación de varios días de limpieza, orden de la casa y preparativos de la comida especial. El año nuevo, para los japoneses, es un festival netamente religioso, de reunión familiar y de visita de agradecimiento a quienes debemos su apoyo, ayuda, formación. Celebración en "ultramar" Al igual que el caso de los “uchiwa”, producto realizado para el verano, el jugar o contemplar espectáculos con fuegos artificiales o “hanabi”, también asociados con el “O bon”, en nuestro país pasaron a celebrarse en el mes de enero. Esta última festividad la encontramos desarrollada con la migración de posguerra. La actividad comunitaria en las colonias facilitó su realización y lo interesante es la adaptación al verano del hemisferio sur. Por otra parte, la escasa preservación de prácticas culturales en los primeros tiempos tiene que ver con el tipo de migración. La característica de los migrantes, la mayoría hombres jóvenes, tenía como principal objetivo ahorrar dinero para regresar a su lugar de origen. Principalmente en lo que se refiere a las prácticas y celebraciones religiosas, según un dicho popular entre los migrantes: “Eso quedaba en manos de las familias en Japón”. Para un nikkei argentino que experimenta por primera vez el Año Nuevo en Japón, quizás una de las prácticas que más le debe llamar la atención es el hecho de que, desde el 28 de diciembre hasta el 3 de enero, las actividades prácticamente se paralizan. Los días previos al 1 de enero son destinados a los preparativos mencionados. A partir del 1, ese día se dedica a la reunión familiar; el 2 se recibe (o realiza) la visita de allegados. En mi caso, recuerdo que fui invitada por mi director de tesis de maestría, el Dr. Hiroshi Iwasaki, de la Universidad de Tsukuba. Ese era el día en que recibía a sus antiguos discípulos. Resabio de este tipo de prácticas tradicionales, en nuestro caso, era la visita del jefe de familia a las personas que, de algún modo, habían contribuido a los logros de los que ya disfrutaba. Además de los familiares mayores, también visitaba a sempai, a quienes les debían el apoyo para migrar (la ayuda durante los primeros tiempos). Cumplir con la obligación que impone el “on” (deuda de gratitud) es algo que tal vez inconscientemente se sigue manteniendo en las distintas generaciones de descendientes. “Osechi ryôri” Algunos ejemplos son el Kamaboko, pasta de pescado de color blanco y rosado cocinada al vapor sobre una tablita de madera, que significa el sol naciente; Datemaki, una especie de tortilla en base a huevos y pasta de pescado algo dulce y enrollada, que significa días de prosperidad en la cultura y progreso en los estudios; Kobumaki, algas enrolladas, que son augurio de alegría, felicidad (por la palabra “yorokobu”); Kuromame, porotos negros dulces, que significa vivir y trabajar con salud; Kurikinton: puré dulce de castañas, que significa fortuna y éxito en los negocios, por su color dorado; Tazukuri, sardinas secas, cocinadas con una salsa dulce, que significa una buena cosecha. Todas estas comidas se suelen presentar en 2 o 3 cajas laqueadas superpuestas que se despliegan, comen y comparten con las visitas desde el día 1. Hoy en día, tanto en importantes casas de comida que tienen sus espacios de venta en grandes negocios, como "convenience store", suelen prepararlas por pedido, en forma de coloridas viandas, ahorrándole ese trabajo a los hogares. En el caso de las familias nikkei, descendientes de inmigrantes de preguerra, estas prácticas ya se han perdido. Tal vez no solo se ha debido al alto costo de los ingredientes y las dificultades de poder acceder a ellos, en su mayoría importados, sino al hecho de que las mismas recetas, al no poder ser practicadas, han sido olvidadas y esto ha determinado que en muchos hogares hayan desaparecido. “Kyû shôgatsu -Año Nuevo Lunar” ¡Feliz Año Nuevo! Mientras tanto, ¡nuestros mejores deseos de un 2022, con salud plena! |